Un estudio para el OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción y el SENCE midió qué tan preparado está Chile para la automatización. Dos hallazgos valen para cualquier planta con turnos: dónde se concentra el riesgo, y qué tipo de apoyo recomienda para los más expuestos.
CoMov Consultores publicó en noviembre de 2025 un estudio encargado por el OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción y el SENCE sobre cómo la automatización está cambiando el trabajo en Chile. La base: 211 empresas encuestadas, 39 entrevistas a líderes de diez sectores, la encuesta PIAAC de la OCDE (2023) y la CASEN 2022, con revisión académica de la Pontificia Universidad Católica y comentarios de la Organización Internacional del Trabajo.
Conviene decir de entrada qué es y qué no es: no es un estudio de bienestar organizacional, es un estudio de capacitación y reconversión laboral. Esta lectura no lo presenta como respaldo de nadie. Toma tres hallazgos, los cita con su número de gráfico, y se detiene donde el estudio se detiene.
El estudio estima qué proporción de los trabajadores de cada sector se desempeña en ocupaciones con alto riesgo de automatización, siguiendo la metodología de Lassébie y Quintini (OCDE, 2022). El resultado no está repartido parejo.
Agricultura y construcción concentran, entre las dos, cerca del 70% de todos los trabajadores en alto riesgo del país. Son los sectores donde el trabajo es físico, repetitivo y por turnos. En el otro extremo, enseñanza marca 1% y salud 3%: donde el trabajo exige juicio profesional e interacción humana, la tecnología complementa en vez de sustituir.
Cuando el estudio pregunta a las empresas qué competencias serán esenciales en los próximos cinco años, la respuesta no es programación ni análisis de datos. Más de la mitad de las empresas encuestadas señalan la resiliencia, la flexibilidad y la capacidad de aprendizaje autónomo como las más valoradas, por delante del liderazgo, del pensamiento analítico y de la propia inteligencia artificial.
Y hay un dato que se lee poco. Entre las tres principales dificultades que declaran las grandes empresas para adoptar tecnología aparece el impacto en la cultura laboral y el bienestar de los trabajadores. El estudio lo dice así:
Varias empresas reconocen que la automatización puede afectar la cultura laboral y el bienestar de los trabajadores, por lo que buscan equilibrar la eficiencia con la cohesión interna.
Dicho de otro modo: para una empresa grande, el estado de su gente no es un tema aparte del proyecto de automatización. Es una de las cosas que lo puede frenar.
El estudio no se queda en el riesgo: mide si existe salida. Para eso construye un indicador de resiliencia laboral, que define como «la posibilidad de adaptarse a los cambios tecnológicos sin perder bienestar, empleo ni funcionalidad productiva». Nótese que el bienestar está dentro de la definición, no al lado.
Los resultados son duros. Para un trabajador en una ocupación de alto riesgo, solo 4 de cada 100 destinos laborales posibles cumplen las condiciones de una transición viable. Y de esas pocas salidas, el 84% exige entre uno y tres años de formación. La conclusión del estudio es que uno de cada cuatro trabajadores en ocupaciones expuestas no tiene ninguna trayectoria viable de reconversión.
Acá está el hallazgo que más nos interesa, y es textual del propio informe. Para los trabajadores más expuestos —los de mayor edad y menor escolaridad— la recomendación no es ampliar la oferta de cursos en línea:
Ofrecer modalidades presenciales o híbridas con metodologías activas, ya que los perfiles más expuestos enfrentan barreras digitales y requieren apoyo presencial. Fortalecer el acompañamiento intensivo: tutorías, mentoría, apoyo psicosocial.
El estudio también documenta por qué el sistema actual no llega ahí: el 60% del gasto de la franquicia tributaria beneficia a trabajadores con educación media completa o superior, mientras los no calificados y semicalificados reciben el 13%. El instrumento existe, pero está apuntando al revés.
Y ahí el informe se detiene, porque ahí termina su objeto. Queda una pregunta abierta que no es suya sino del sistema: ninguna norma chilena le asigna a nadie ejecutar ese acompañamiento dentro de la operación, turno tras turno, mientras la planta sigue produciendo. Se puede recomendar presencia sin que exista la figura que la sostiene. Es una brecha del sistema, no de una empresa en particular.
El resumen del informe en una imagen. Puede compartirla.
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